Noche de San Juan – Lago D’Orta

Noche de san Juan. Noche clara de san Juan. Luna llena. Tres hombres de plata se deslizan nadando silenciosamente hendiendo las tibias aguas del lago d´Orta. Aguas perfumadas por los aromas de los magnolios que engalanan sus orillas. Van desnudos. No hay equipaje. La suerte está echada. Buscan la vida o la muerte dulce en las profundas aguas del lago. Año del señor 1918.

Tres hombres, tres historias. Si no compartieran sin saberlo su dolor, jamás se hubieran encontrado. El destino los llevó a llorar su pena a la osteria la Stangata en San Maurizio d´Opaglio, sobre la orilla occidental del lago. Saverio di san Sebastiano, el más joven, cuerpo hermoso, brazos poderosos, promesa de noches de amor infinitas habla y no calla de Helena di Bastarrika, su amada. El mayor, Zalacaino L´avventuriere, más reposado, tenía el rostro surcado por las heridas habidas por el fragor de mil batallas perdidas. Rememora las caricias de la dulce Lucia y el tercero se llama Dirko conocido como Il tedesco. De belleza ambidiestra, capaz de desviar las miradas tanto hombres como mujeres, no tiene ojos ni recuerdos más que para la señora de Lizarralde de Muntto.

Según noticias de viajeros, era casi seguro que las tres doncellas hubieran ingresado en el monasterio Mater Ecclesiae erigido en mitad de la isla como cenobio de clausura para mujeres que desertaban de los placeres mundanos y se consagraban a la oración y a la expiación de los pecados de los impíos. Pero también corrían las historias de mujeres que eran llevadas en contra de su voluntad por el llamado Stefano di Lagna, conocido también como el rey del lago, quien obtenía pingües beneficios cada vez que aportaba una nueva mujer al convento. Se hablaba de que por cada una su bolsa engordaba en 15000 liras florentinas.

Loredana, la mesonera de La Stangata, había oído hablar de un cargamento reciente de mujeres provenientes de la Germania, del reyno de navarra y de tierras remotas.  A los tres desconocidos se les iluminaron los ojos. Urdieron un plan para la noche de san Juan. Era sencillo. Alcanzar la isla de noche a nado y volver con ellas.

Nadaban silenciosa y cadenciosamente. Procuraban no salpicar en demasía. Sabían que cualquier ruido, cualquier resplandor daría con sus huesos en el fondo de una mazmorra ciega. El monasterio y la propia isla estaba guarnecida por soldados del señor de Orta. Sabían también que eran gentes de la peor calaña por lo que no cabía esperar clemencia alguna en caso de ser descubiertos.

Sin embargo, hay alguien que observa desde el silencio.  Sor Purezza de la Perfetta Castitá, suspira, observando las tenues olas que generan los inesperados visitantes. Sor Purezza, es monja, es madre superiora del convento, pero no es una mujer lerda. No en vano, cuando era una joven llamada Carolina del Rincone, gozó de los placeres mundanos en brazos de Stefano, quien antes de romperle el corazón la había amado largamente. Comprende inmediatamente. Comprende las razones que los mueven y comprende que nadie debería estar allí en contra de su voluntad. Por ello se mueve con rapidez. Despierta a la hermana lega Giuncalla y ambas se dirigen hacia la orilla oriental, donde prenderán un fuego con enseres viejos, que atraerá sin duda a la guardia. Luego se dirigirá a las celdas de las novicias recién llegadas y despertará a las tres últimas. Les susurrará al oído que se alisten y vayan al muelle occidental, pues vienen sus hombres, a buscarlas… Giuncalla, las esperará con un bote preparado para llevarlos sanos y salvos a la orilla.

Aguardan largo rato, en silencio, atenazados por el miedo. Cuando ya no es posible esperar más, pues la guardia acecha, Giuncalla ordena partir. Ponen rumbo hacia la lejana costa. Todos reman con fuerza, todos menos il tedesco quien llora amargamente con la cabeza hundida entre las manos, su desolación.

El relato no cuenta como fueron capaces de huir de la sanguinaria tropa. El relato no cuenta si Giuncalla, vieja sirena, volvió al convento. El relato no cuenta tampoco si Sor Purezza, enciende todas las noches una vela en la ventana de su celda. El relato no cuenta, o no quiere contar, porque la señora de Lizarralde de Muntto decidió no huir. El relato no cuenta si Saverio di San Sebastiano y Zalacaino l´avventuriere fueron felices con sus amadas. Imaginamos que sí. Finalmente el relator no cuenta que lo le sucedió al tedesco pero ha escuchado que lo vieron como pobre peregrino camino del Sepulcro de Santiago allá por el Finisterre….

Nota bene.
Relato basado en hechos reales.
Los nombres de algunos personajes han sido modificados para preservar su intimidad.

75. Kontxa Badiako Igerialdia
Maider Redin 7ª en el Cto de España Absoluto de natación.